Trilogía de una despedida (1)
Estos americanos...
Este es el subtítulo del blog donde estáis leyendo estas líneas. Confieso que desde que lo abrí pensaba que iba a despellejarles, apoyado por los prejuicios que traía sobre ellos antes de venir. "Estos americanos…", pensaba.
Estos americanos… Entre estos americanos está la chica del metro que me sonrió porque le dejé mi asiento a una anciana. También está, entre estos americanos, el hombre de la gabardina que conocí en mi primer paseo por Manhattan. Le conté que era mi primer día en la ciudad, y me dio la bienvenida sonriendo. Me deseó mucha suerte y me dijo que no me rindiera si las cosas se ponían difíciles.
Gracias a la generosidad de estos americanos, hoy llamo amigos a algunos de ellos, como a Mike, que entra casi todos los días para leer el blog con el traductor automático de Google y que el pobre se pierde gran parte del contexto de las entradas. No le importa, porque me conoce y sabe cómo cuento las cosas. Y porque esa amistad hace tiempo que superó los límites de la traducción electrónica.
También, por supuesto, entre estos americanos está el burócrata prepotente de aquel mostrador (al que ni siquiera considero humano), pero también están aquellos que, sentados en las escaleras de Union Square, aquel día levantaron sus pies para que el barrendero pudiera hacer más cómodo su trabajo mientras avanzaba con su escoba. Los mismos americanos, pero distintos, que, en un día lluvioso como hoy, han apartado el paraguas para no metérmelo en el ojo al cruzarme con ellos.
Tal vez sea algo exclusivo de Nueva York, o tal vez sea generalizado a todo el país. Puede que Nueva York, la capital del mundo, con tantos inmigrantes y tantas formas de pensar distintas, haya alcanzado un carácter medio que afecta a todos sus habitantes. El carácter medio del ser humano. Si eso fuera cierto, empezaré a creerme aquello de que el hombre es bueno por naturaleza. Como dice Shakespeare, ¿qué es la ciudad, sino sus habitantes?
Estos americanos han sido una parte fundamental de la energía que, todavía, mueve este blog. La otra habéis sido vosotros, los que habéis entrado de vez en cuando a leer estas historias. Para qué negarlo, saber que te leen es una satisfacción, y más cuando esta ciudad ha sacado tantas cosas buenas de mí. Vosotros sois mi blogofrenia, como ya dije en mi primera entrada. Así pues, a todos vosotros, y a estos americanos, gracias. De momento.
OLI I7O








