viernes, 7 de septiembre de 2007

Viaje al Oeste (3): Visiones

Visiones curiosas, horrendas, estrambóticas, hermosas... Hubo de todo durante el viaje. Aquí os cuento una selección, en orden no necesariamente cronológico.

La primera imagen, una de mis favoritas, vino por casualidad. Había un incendio al otro lado del Gran Cañón, y un fotógrafo situado delante de mí se agachó un momento para coger unas cosas de su bolsa. Me pareció divertido este encuadre, y disparé.

La imagen que probablemente tardaré más en olvidar se produjo en Boron, un pueblo fantasma casi en la frontera con Nevada. Allí, todo es decadencia: no había ni un alma por la calle y todos los locales, que me hicieron intuir tiempos mejores para ese pueblo, estaban cerrados permanentemente (con carteles de "Se Vende" por si alguien pica y decide revivirlo). Durante el tiempo que estuvimos en Boron, sólo pasó un niño en bicicleta (al fondo de la acera en la foto izquierda). Os podéis imaginar el chirrido de los pedales como único sonido en todo el pueblo. Fijáos en la estación meteorológica de Boron (derecha):
En Las Vegas tuve dos visiones: la visión más horrenda, de una marquesina que deja todo lo que yo consideraba hortera como algo aceptable para mi gusto, y el Flamingo, un hotel-casino que había visto en mil películas, y que, a mi parecer, tiene algo que lo hace estéticamente soportable y distinto a los demás, con un toque más clásico.
Yo sabía que el negocio principal de Las Vegas era el juego, pero no sabía hasta qué punto: las bebidas alcohólicas son gratis, siempre que estés jugando. Sólo tienes que pedirle lo que quieras a la camarera, que ella te lo trae sin cargo alguno. Repito, siempre que estés jugando.

Otra visión inolvidable fue la de la prisión de Alcatraz, en San Francisco. Desde la distancia, la isla es un peñón desafiante a toda persona que la observa desde la orilla. El ambiguo final de La Fuga de Alcatraz es aún más impactante cuando ves lo lejos que está la isla.

Para terminar lo que fueron las visiones de esta ciudad, desde Marina District, me quedo con el atardecer en el puente Golden Gate.
Última visión de esta crónica: el General Sherman, el árbol más grande (no en altura, sino en volumen, y sigue creciendo) del mundo. Se encuentra, por supuesto, en Sequoia Valley. Impresiona, sí, pero casi me impresionó más cuando la semana anterior estuve en el Jardín Botánico de Brooklyn y pude ver un bonsai de secuoya. Eso fue algo totalmente inesperado. Aquí tenéis las fotos: las secuoyas más pequeña y grande del mundo, probablemente.
Aquí acaba la crónica de lo que fue nuestro viaje por el oeste de Estados Unidos. Ni los perfiles, ni los caminos, ni las visiones hubieran sido lo mismo de no haber tenido a mi lado a Ana, la mejor compañía posible en toda esta aventura. Cierro aquí mi primera etapa y volveré a las habituales crónicas de esta Maldita Gran Manzana. Hay mucho por contar todavía.


OLI I7O

4 comentarios:

cactus dijo...

Uaa!! Me ha encantado!!

Es tan estupendo todo lo que visteis...

Me quedo con el cartel ese del tiempo, jajajaja.

Sé feliz!!

Roberto dijo...

Cada vez me agradan más tus viajes joven explorador. Me encantan las aportaciones ilustrativas que nos dejas y, sí, también comparto ese algo por el flamigo. Tiene un glamour especial. Es como contemplar un arrecife de coral lleno de vida, pero con un toque de perversión que no te deja indiferente. Serán los oscuros propósitos que lo mantienen...

JMGH dijo...

Jo, que pedazo de viaje fiera.

Lo que más me ha gustado de esta última entrada ha sido la secuoya más gruesa del mundo (pedazo de tronco) y lo de la estación meteorológica.
¿Se sabe que nivel de acierto tiene? :D

Ledia dijo...

Ya habia visto otras versiones parecidas de la "estacion meteorologica" de Boron en internet y pense que eran una broma de alguien...sin palabras....
Gracias por compartir tu increible viaje.

P.D. Me encanta la "sequoyita"!!!!