domingo, 11 de noviembre de 2007

Metrónomo

Mirando al sur desde Union Square podemos encontrar una instalación artísitica que ocupa toda la fachada del edificio de la Virgin Megastore: Metronome ("Metrónomo"). Aquí está el dossier de prensa con la explicación de la obra. Para los que ya hayan pinchado en el enlace, que no se asusten, que servidor de ustedes va a tratar de resumirlo lo mejor que pueda.
Metronome es una obra que busca la implicación del público; no es casual que se encuentre en Union Square, uno de los lugares más concurridos de Manhattan. Sus autores son Kristin Jones y Andrew Ginzel, y fue inaugurada el 26 de octubre de 1999. La obra habla de la relación entre el hombre y el tiempo, en concreto en la ciudad de Nueva York. Consta de nueve elementos claramente diferenciados:

  1. The Vortex ("El Vórtice") Es la estructura de ladrillo ondulada, como la onda que produce tirar una piedra a una superficie acuática. Ya empiezan a dejarse ver los elementos dinámicos de la obra.
  2. The Infinity ("El Infinito") Es el agujero del centro del vórtice creador, el origen de todo.
  3. The Vapor ("El Vapor") No sale en la foto. Representa la energía de la ciudad, que nos recuerda a uno de los iconos que mejor la representa: el humo que sale de las alcantarillas. Dos veces al día (a mediodía y a medianoche), del Infinity emana una gran nube de vapor con un sonido melódico.
  4. The Source ("La Fuente") Son las hojas doradas, que representan el efluvio de ese vapor, una materia que no es sólida ni gaseosa: está entre la dureza (dinámica) del muro ondulado y lo etéreo, intangible, del vapor.
  5. The Relic ("La Reliquia") Es la mano de George Washington, emergiendo de ese tiempo infinito, queriendo atrapar a su reflejo tangible en la propia plaza. En la foto de abajo podéis ver el efecto que obtenemos al observar la estatua de George Washington desde atrás, rozando con las yemas de los dedos a su propia imagen emergente.
  6. The Matter ("La Materia") Es el bloque de piedra inferior, que simboliza el tiempo pasado, lo inamovible.
  7. The Focus ("El Foco") Es el cono alargado que, enfatizado desde la perspectiva del observador, simboliza la manilla de un reloj y centra nuestra atención en The Infinity, donde todo nace.
  8. The Passage (aunque tiene varias traducciones, apuesto por "La Travesía") Es el contador de la izquierda. Hasta que investigué sobre este mural, he llegado a pensar de todo sobre este misterioso contador, que casi ha eclipsado al resto de la obra. Es un reloj atómico. Confieso que ni siquiera vi que las primeras seis cifras son la hora actual. Simboliza el presente. Su obvio dinamismo contrasta con la inamovilidad de The Matter, el pasado.
  9. The Phases ("Las Fases") Es la bola aislada que se ve a la derecha. Es una especie de calendario lunar que simboliza el futuro (la manera de contar el tiempo y de organizarnos cada mes).
Metronome es un espejo temporal desde el cual se desdobla la ciudad y cobra vida, a la vez que evoluciona con el fruto de su creación, que no es otra cosa que los que vivimos en Nueva York. Y es fácil identificarse con el juego que nos propone, porque Metronome es espejo, y a la vez reflejo, de cualquier ciudad del mundo.


OLI I7O

jueves, 8 de noviembre de 2007

Houdini

Si hubiera titulado esta entrada La tumba de Houdini, diríais que este blog empieza a parecer un camposanto. Y no os faltaría razón, pero es que en este caso, esta tumba ha sido el germen de mi interés por esta apasionante leyenda: la leyenda de Houdini.
Todo empezó cuando me enteré de que el mago ilusionista más grande de todos los tiempos, Harry Houdini, vivía en Nueva York. Pensé que tal vez estaría enterrado aquí, en vez de en su Budapest natal. En efecto, su cuerpo yace en el cementerio de Machpellah, en Queens, relativamente cerca de mi casa, a una media hora en bicicleta sin perderse... que ésa es otra. El mausoleo de la familia Houdini está nada más entrar al cementerio (en la foto de arriba, se puede ver a la izquierda).
Houdini tuvo una vida fascinante. Fue, además de mago ilusionista, piloto de avionetas, y recorrió gran parte del mundo entre 1909 y 1910. Según parece, trabajó para los servicios secretos de Scotland Yard y Estados Unidos, pero fueron sus famosos escapismos (como el del tanque de agua boca abajo) los que extendieron la leyenda de Houdini por todo el mundo.

Y si fascinante y misteriosa fue su vida, no menos lo fue su muerte. Se especuló con que fue envenenado por los Espiritistas (que encontraron en la pluma de Sir Arthur Conan Doyle un poderoso aliado) al tratar Houdini de desmontar muchas de sus teorías, aunque lo cierto es que Houdini tuvo una muerte estúpida, casi vergonzosa (como cuando te rompes una pierna saltando en la cama): Houdini sufría de una silenciosa apendicitis. El 20 de octubre, después de un espectáculo, posando para un estudiante que le retrataba, otra estudiante que allí se encontraba le preguntó si era cierto que podía encajar puñetazos en su estómago sin inmutarse, a lo que Houdini respondió afirmativamente. Ella le propinó varios golpes hasta que Houdini se retorció de dolor en el suelo. El consecuente politraumatismo abdominal agudizó su apendicitis, hasta el punto de matarlo a los once días.

Houdini falleció la noche de Halloween de 1926, pero fue enterrado el 4 de noviembre. Cada año, en esa fecha, la Society of American Magicians (cuyo logo está en la parte superior del mausoleo) se reúne sobre su tumba para recrear el llamado ritual de la varita rota. Yo elegí asistir a la maratón de Nueva York en vez de ir a ese ritual (porque, entre otras cosas, no sabía a qué hora se iban a reunir).

La leyenda de Houdini se extiende hasta nuestros días. Esa leyenda es la misma que hoy me ha llevado a un lejano cementerio de Queens para hacer unas fotos y contaros esta historia.


OLI I7O

martes, 6 de noviembre de 2007

El artista veterano

Sé que me pedisteis una foto de mi disfraz de Halloween, pero no tengo ninguna que merezca la pena. Tengo, eso sí, la foto de un muñeco que ví en una tienda, en el cual me basé para hacer mi disfraz de veterano de guerra lunático... ¿Hay algo que dé más miedo?

Grabé unos vídeos durante la cabalgata de Halloween. Son cortitos. Aquí están el primero (escuchad el New York, New York de Sinatra de fondo), el segundo, el tercero, el cuarto y el quinto. Hoy, además, he ido al cine a ver Pesadilla antes de Navidad, la versión en 3D que cada Halloween, desde hace un par de temporadas, traen a los cines. Desde que la vi en su estreno en cine, en 1994, he podido pensar en lo distintas que han sido las dos veces. El efecto 3D (aplicado en postproducción) tiene bastantes pegotes, pero la película sigue ganando con los años (o soy yo el que empeora).

Después de ver a Sally preparando tantas pociones, me apeteció tomarme un capuchino en el Potion Cafe, en el 248 de McKibbin Street de Brooklyn, muy cerca de Bogart Street. Potion Cafe es difícil de encontrar, aun sabiendo la dirección. Ni siquiera tiene un letrero en la entrada, y poca gente sabe que se llama así. En la foto, está camuflado detrás del contenedor azul, entre el océano de lofts residenciales característicos de la zona.
Lo que hace especial a Potion Cafe es el ambiente tranquilísimo, idóneo para pensar, escribir o leer. La música (hoy pusieron soul clásico) está a un volumen casi imperceptible, y la gente habla muy bajito, si es que lo hacen. Abundan los sofás para sentarse, en uno de los cuales estaba yo.
En esta cafetería abundan los artistas. Y llegamos al punto que me interesaba llegar desde hace tiempo. Aquí, cuando conoces a alguien y le preguntas: "¿Y a qué te dedicas?", puede que te responda: "Soy artista". En Nueva York, ser artista (y decir que lo eres) no tiene la misma connotación que los españoles dan a esa palabra. Si yo en España digo "Pues sí, soy artista", probablemente me mirarán con cara escéptica, de "Éste va de sobrao. Será el típico gandul muerto de hambre". A los artistas españoles les cuesta definirse como artistas.

Los publicistas españoles, por ejemplo, se empeñan en evitar que la palabra "arte" salga en sus trabajos, especialmente a la hora de vendérselos a los clientes. Los creativos más progresistas admiten que la publicidad es arte comercial. Pero, por lo general, ni se te ocurra decir en una entrevista de trabajo que eres artista.

En Nueva York hay mucha gente que vive de su arte. En este tiempo he conocido actores, bailarines, diseñadores de moda, cineastas, escritores, malabaristas, grafiteros, fotógrafos, pintores, etc, y todos ellos tienen una buena estima de sí mismos y de su arte. Intuyo que es porque esta ciudad es realmente inspiradora, y cada artista alimenta con su arte al prójimo, motivándole en su trabajo. Y cuando ves que no hay que ser un veterano para triunfar, sabes que pronto te llegará tu momento.


OLI I7O