jueves, 8 de noviembre de 2007

Houdini

Si hubiera titulado esta entrada La tumba de Houdini, diríais que este blog empieza a parecer un camposanto. Y no os faltaría razón, pero es que en este caso, esta tumba ha sido el germen de mi interés por esta apasionante leyenda: la leyenda de Houdini.
Todo empezó cuando me enteré de que el mago ilusionista más grande de todos los tiempos, Harry Houdini, vivía en Nueva York. Pensé que tal vez estaría enterrado aquí, en vez de en su Budapest natal. En efecto, su cuerpo yace en el cementerio de Machpellah, en Queens, relativamente cerca de mi casa, a una media hora en bicicleta sin perderse... que ésa es otra. El mausoleo de la familia Houdini está nada más entrar al cementerio (en la foto de arriba, se puede ver a la izquierda).
Houdini tuvo una vida fascinante. Fue, además de mago ilusionista, piloto de avionetas, y recorrió gran parte del mundo entre 1909 y 1910. Según parece, trabajó para los servicios secretos de Scotland Yard y Estados Unidos, pero fueron sus famosos escapismos (como el del tanque de agua boca abajo) los que extendieron la leyenda de Houdini por todo el mundo.

Y si fascinante y misteriosa fue su vida, no menos lo fue su muerte. Se especuló con que fue envenenado por los Espiritistas (que encontraron en la pluma de Sir Arthur Conan Doyle un poderoso aliado) al tratar Houdini de desmontar muchas de sus teorías, aunque lo cierto es que Houdini tuvo una muerte estúpida, casi vergonzosa (como cuando te rompes una pierna saltando en la cama): Houdini sufría de una silenciosa apendicitis. El 20 de octubre, después de un espectáculo, posando para un estudiante que le retrataba, otra estudiante que allí se encontraba le preguntó si era cierto que podía encajar puñetazos en su estómago sin inmutarse, a lo que Houdini respondió afirmativamente. Ella le propinó varios golpes hasta que Houdini se retorció de dolor en el suelo. El consecuente politraumatismo abdominal agudizó su apendicitis, hasta el punto de matarlo a los once días.

Houdini falleció la noche de Halloween de 1926, pero fue enterrado el 4 de noviembre. Cada año, en esa fecha, la Society of American Magicians (cuyo logo está en la parte superior del mausoleo) se reúne sobre su tumba para recrear el llamado ritual de la varita rota. Yo elegí asistir a la maratón de Nueva York en vez de ir a ese ritual (porque, entre otras cosas, no sabía a qué hora se iban a reunir).

La leyenda de Houdini se extiende hasta nuestros días. Esa leyenda es la misma que hoy me ha llevado a un lejano cementerio de Queens para hacer unas fotos y contaros esta historia.


OLI I7O

5 comentarios:

Maria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maria dijo...

Cuanto se aprende en este blog.

Malva da Pao dijo...

yo pensaba que se había ahogado.... que incultura la mía!

Irina dijo...

Ja,ja..aunque puede que tenga una punta de loca(que no,de escarpia)no sé por qué me recuerda un libro de Susanna Clarke que lleva por título "Jonathan Strange y el señor Norrell" (Editorial Salamadra) donde se esconde un mago sin nombre que llegó a tener más nombres que todos los demás personajes juntos. Se trata del Rey Cuervo y, creo, que está inspirado, un poco, en otro que no sabe su nombre porque él mismo lo ha olvidado y que viene de Mordor.

Abrazos!!

Guardagujas dijo...

Hoy que Google conmemora el 137 cumpleaños del gran Houdini con un doodle no he podido evitar acordarme de esta entrada...